viernes, 9 de abril de 2010



“Hace muchos meses que te me perdiste en no sé qué camino. Han sido tiempos duros; de tomarme más tiempo del necesario para llenarme de indiferencia y de olvido, de evadir responsabilidades, de sellar pacientemente y en silencio todas las salidas para que nadie ni nada frenara mi desconsuelo. Meses con los ojos vacíos como cuencos, meses de poco equilibrio, de no ponerme precio...

No sé si lo intuirás, pero las madrugadas aún saben a ti, sobre todo cuando hace frío. Las gotitas de lluvia al golpear mi ventana me gritan cruelmente tu nombre renegado. Yo las cierro para no oírlas pero se cuelan por las paredes y ya en mi habitación emiten cantos incesantes que me van taladrando estos oídos, ya cansados de ti.

Mis sábanas amanecen con tu figura tatuada y a veces el olor, la imagen o la palabra más insignificante me hacen zozobrar en tu mirada de hielo. Y es entonces cuando me pregunto cómo terminaré…”


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