martes, 15 de junio de 2010

Nada me gusta de ti, excepto tú y no lo puedo resistir,
 no me pienso resistir. 
Todo me gusta de ti excepto tú, ya lo puedes comentar, 
ya tenéis algo de que hablar.

¡Lo siento! ¿Qué le voy a hacer, qué puedo decir? 
vivo pendiente de mí.




¿Qué importa ya tu ropa entumecida? 
Tal vez nunca importó lo que llevabas puesto.

Ya sabía que no eras nadie y conquistaste los principios, 
los finales. 
Y nunca empieza contigo y nunca acaba contigo. 
Ya sabía que no eras nadie pero tenía que mojarte.

Por un instante 
tan s a g r a d o, 
tan p a c i e n t e, 
me has mojado el corazón 
no tan v a l i e n t e, 
sí tan p r o f u n d o, 
siempre c a l i e n t e, 
me has mojado el corazón y me he enganchado.

lunes, 14 de junio de 2010

Desconozco si un círculo tiene fin.

Sobrevivir a tu indiferencia es un milagro y soportar un rostro de piedra es tan pesado...
No hay forma de enderezar nuestros defectos, al fin y al cabo no somos más que un par de extraños...
Por favor; alza la vista y observa bien que, aún no es tan tarde, es bien fácil.
Te cojo mal, no te apetece hablar de nada no me darás el brazo a torcer; esto es un drama.

Caes en el error de dar un valor a los esfuerzos; me marcharé y aquí estaré cuando despiertes...


Nada es más que el silencio y joyas y ahora tu te preguntarás donde estás...
Aquí me encontrarás ausente 
Aquí me encontrarás valiente; aquí me encontrarás...

jueves, 27 de mayo de 2010

Hablen, tiene tres minutos.

De vuelta del paseo
donde junté una florecita para tenerte entre mis dedos un momento,
y bebí una botella de Beaujolais, para bajar al pozo
donde bailaba un oso luna,
en la penumbra dorada de la lámpara cuelgo mi piel
y sé que estaré solo en la ciudad
más poblada del mundo.

Excusarás este balance histérico, entre fuga a la rata y queja de morfina,
teniendo en cuenta que hace frío, llueve sobre mi taza de café,
y en cada medialuna la humedad alisa sus patitas de esponja.



Máxime sabiendo
que pienso en ti obstinadamente, como una ciega máquina,
como la cifra que repite interminablemente el gongo de la fiebre
el loco que cobija su paloma en la mano, acariciándola hora a hora
hasta mezclar los dedos y las plumas en una sola miga de ternura.

Creo que sospecharás esto que ocurre,
como yo te presiento a la distancia en tu ciudad,
volviendo del paseo donde quizá juntases
la misma florecita, un poco por botánica,
un poco porque aquí,

porque es preciso
que no estemos tan solos, que nos demos
un pétalo, aunque sea un pasito, una pelusa.




Julio Cortázar, "Salvo el Crepusculo"

lunes, 10 de mayo de 2010

I n f i n i t o

Infinito es el recuerdo que surge escuchando alguna canción. Es alguien que mira alarmante y profundamente los defectos, y también las virtudes. Infinito son las piernas de una mujer.

 Infinito es un beso l a r g o , l e n t o y preciso (mágico). Infinito es enumerar los adjetivos que describen ese beso.

Infinito es el milisegundo exacto en que cierras los ojos al parpadear, porque privas al resto del mundo de la luz de tus ojos durante ese preciso instante. El infinito es... caótico.


Infinito es una noche, que a su vez es mágica y trágica. Mágica como las nubes y trágica como el color azul en el mes de Febrero. El color azul es, sin embargo, absolutamente necesario para soportar el mes de Enero. El color azul es, por lo tanto, infinitamente incomprensible. Por ello no todos los ojos son azules, ¿por qué entonces todo ser humano es incomprensible? porque si nos sumergimos lo suficiente en los ojos de alguien, siempre podremos ver el azul. Mirarse en los ojos de otro, perderse en túneles subterráneos que acabas de inventar, sinónimos al fin y al cabo.

martes, 4 de mayo de 2010

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, la voy dibujando como si saliera de mi mano, cono si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta con cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio.

Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos las bocas llenas de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella.

Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.




domingo, 2 de mayo de 2010

domingo, 18 de abril de 2010


De repente le miro y me parece una persona extraña, ajena.
Veo su cara, esa que tantas veces me hizo suspirar, y se me aparece ahora borrosa. Los recuerdos se han esfumado y se limitan a lo que estoy viendo en este momento.
Me habla, y es como si estuviera al fondo de la sala, aunque está delante de mí, compartiendo la tarde y un café. No sé cuanto rato llevamos así.

Oigo pero no logro escuchar. Está lejos, muy lejos.

Aunque quien se ha ido, he sido yo.