domingo, 18 de abril de 2010


De repente le miro y me parece una persona extraña, ajena.
Veo su cara, esa que tantas veces me hizo suspirar, y se me aparece ahora borrosa. Los recuerdos se han esfumado y se limitan a lo que estoy viendo en este momento.
Me habla, y es como si estuviera al fondo de la sala, aunque está delante de mí, compartiendo la tarde y un café. No sé cuanto rato llevamos así.

Oigo pero no logro escuchar. Está lejos, muy lejos.

Aunque quien se ha ido, he sido yo.

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